La Re-evolución continúa con Elsa Punset

Alimentación y salud mental. Nuestro estado anímico influye en lo que comemos y nuestra alimentación influye así mismo, en nuestra salud mental. Es por ello, que el segundo encuentro del ciclo “Re-evolución”, se centra esta vez en ambos conceptos. Una sesión donde se reflexionará sobre cómo nuestros hábitos alimentarios y la propia percepción del cuerpo afecta a la salud mental. “Desde el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Navarra (CODINNA) impulsamos con gran ilusión este ciclo sobre bienestar emocional. Tras el éxito del primer encuentro en mayo, afrontamos esta nueva cita de noviembre con la expectativa de consolidar este espacio de salud”, indica Izaskun Arrarás, presidenta de CODINNA/NADNEO. “Como dietistas-nutricionistas, defendemos que la alimentación es un pilar fundamental para la salud integral, siendo el bienestar mental una pieza clave en este equilibrio”, añade.

El encuentro será el próximo 17 de noviembre a las 18:30 en Baluarte. Comenzará con un coloquio con Estrella Rubio, dietista-nutricionista clínica especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Patologías Digestivas con enfoque psico-nutricional que nos hablará sobre “Despatologizar el cuerpo: re-evolucionar la mirada hacia la diversidad corporal”.

Tras ella, contaremos con la intervención de la escritora y divulgadora Elsa Punset quien nos ofrecerá una ponencia bajo el título “Propuestas para vivir en tiempos extraordinarios”. Según adelanta Elsa, “vivimos un momento extraordinario: nunca habíamos tenido tanto conocimiento, tantos recursos ni tantas posibilidades para cuidar nuestra salud. Partiendo de una mirada optimista, repasaremos algunos de los grandes hitos que la humanidad ha alcanzado en las últimas décadas y, paradójicamente, nos preguntaremos por qué, al mismo tiempo, aumentan el malestar emocional, la desconexión de la naturaleza y las dificultades para mantener hábitos que sabemos que nos hacen bien”.

A través de una conferencia dinámica e interactiva, Elsa dialogará con el público, planteando preguntas y pequeñas experiencias que permitirán a los asistentes participar activamente en el recorrido. Juntos exploraremos cómo funcionan el cerebro y ese «segundo cerebro» situado en nuestro sistema digestivo; cómo influyen en nuestras decisiones el estrés, el entorno y una industria alimentaria diseñada para captar nuestra atención; y qué relación existe entre nuestra salud, la del planeta y la pérdida de biodiversidad.

Finalmente, abordaremos propuestas prácticas para recuperar bienestar y capacidad de elección: “sustituir la perfección por la constancia, hacerlo bien el 80 % del tiempo ya puede transformar nuestra vida, reconstruir el vínculo con los ritmos naturales y crear entornos cotidianos que favorezcan la salud física y emocional. Porque quizá vivir mejor en tiempos extraordinarios no consista en controlar cada aspecto de nuestra vida, sino en volver a sentirnos parte de ella”, afirma Punset.

“Animamos a la ciudadanía a no perderse esta cita el próximo 17 de noviembre. Contaremos con estas dos ponentes excepcionales que nos sorprenderán con aprendizajes de gran valor”, indica Arrarás.

MEJORES HÁBITOS ALIMENTICIOS, MENOR INCIDENCIA DE DEPRESIÓN

La alimentación y la salud mental mantienen una relación bidireccional. Por un lado, una mayor calidad dietética, como la dieta mediterránea o dietas con alta presencia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado se asocian de forma consistente con un menor riesgo de depresión y, en algunos estudios, también de ansiedad.

La evidencia más sólida procede de estudios donde una mayor adopción de hábitos saludables se relaciona con una menor incidencia de depresión. Sin embargo, conviene evitar una lectura simplista. Gran parte de esta evidencia es observacional, por lo que no permite asegurar que “la dieta previene la depresión” de forma directa. Las personas que siguen dietas más saludables también pueden presentar otros factores protectores como mayor nivel socioeconómico, más actividad física, mejor patrón de sueño, menor consumo de tabaco o alcohol, mayor apoyo social o mejor acceso sanitario.

La hipótesis contraria también es importante: la salud mental influye sobre la alimentación1. La depresión, la ansiedad y el estrés se asocian con una mayor alimentación emocional, alimentación descontrolada, mayor consumo de dulces, snacks o comida rápida y peor calidad global de la dieta. Por tanto, la asociación entre dieta y salud mental debe interpretarse como un círculo de retroalimentación: una peor salud mental puede deteriorar los hábitos alimentarios, y una peor alimentación podría contribuir a mantener o agravar determinados estados emocionales.

Desde una perspectiva práctica, el mensaje más prudente no sería que la dieta “disminuye el riesgo de” depresión o la ansiedad2, sino que la alimentación puede ser una pieza relevante dentro de un abordaje integral o un indicador temprano de un problema emocional. Mejorar la calidad de la dieta, corregir déficits nutricionales, reducir ultraprocesados y promover patrones alimentarios saludables puede tener beneficios potenciales para la salud mental y física, especialmente cuando se integra con atención psicológica, psiquiátrica, actividad física, sueño y apoyo social.

SALUD MENTAL Y ESTEREOTIPOS SOCIALES CORPORALES

Los estereotipos sociales corporales tienen un impacto significativo y perjudicial en la salud mental, asociándose con mayor riesgo de depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, baja autoestima y distrés psicológico. La insatisfacción corporal derivada de la presión por cumplir con ideales de belleza culturalmente impuestos, actúa como factor de riesgo tanto para trastornos del estado de ánimo como para conductas alimentarias patológicas.

Las redes sociales amplifican el impacto de los estereotipos corporales3 al crear un clima de comparación social4 constante y preocupación por la apariencia.

La preocupación por la apariencia en redes sociales se asocia de manera única y positiva con síntomas de depresión, ansiedad social, ansiedad por la apariencia y sensibilidad al rechazo basado en la apariencia. La insatisfacción corporal es un factor de riesgo5 para el desarrollo de trastornos alimentarios.

El estigma por peso conduce a respuestas desadaptativas, incluyendo mayor ingesta de alimentos altos en calorías independientemente del IMC, evitación del ejercicio y de la atención médica, y conductas alimentarias poco saludables como comer emocionalmente y atracones.

ESTUDIOS SOBRE DIVERSIDAD CORPORAL Y SU IMPACTO EN LA SALUD MENTAL Y EMOCIONAL

La evidencia científica sugiere que tanto el bajo peso como el peso elevado se asocian con peor salud mental, configurando una relación entre IMC y trastornos alimentarios o depresión y ansiedad. Un metaanálisis6 encontró mayor riesgo de depresión tanto en personas con bajo peso como con obesidad, siendo el riesgo especialmente elevado en obesidad severa.

La percepción negativa del propio cuerpo se asocia con depresión, ansiedad y baja autoestima, incluso independientemente del IMC real. Parte de la relación entre obesidad y malestar psicológico parece explicarse precisamente por el estigma social y no únicamente por el peso corporal en sí.

Por su parte, existe la ingesta emocional7, que es la tendencia a comer en respuesta a emociones, particularmente emociones negativas, en lugar de comer en respuesta a señales fisiológicas de hambre. Este comportamiento implica típicamente el consumo excesivo de alimentos altamente palatables, densos en energía y ricos en grasas o azúcares como estrategia para modificar o regular estados emocionales negativos8.

 

Fuentes: Información extraída de la National Library of Medicine, PubMed:

  1. “Asociación de patrones dietéticos preestablecidos con síntomas depresivos: un metaanálisis armonizado de estudios observacionales”. 2019; María Nicolaou, Marco Colpo, Esther Vermeulen, Liset EM Elstgeest, Mieke Cabout, Deborah Gibson-Smith, Anika Knuppel, Giovana Sini, Danielle AJM Schoenaker, Gita D Mishra, Anja Lok, Brenda WJH Penninx, Stefania Bandinelli, Eric J Brunner, Aiko H. Zwinderman, Ingeborg A. Brouwer, Marjolein Visser.
  2. “Nutrición y trastornos de la salud conductual: depresión y ansiedad” 2021; Penny M. Kris-Etherton, Kristina S Petersen, José R. Hibbeln, Daniel Hurley, Valerie Kolick, Pueblos Sevetra, Nancy Rodríguez, Gail Woodward-Lopez.
  3. “La tormenta perfecta: un marco socioeconómico y de desarrollo para el papel de las redes sociales en las preocupaciones sobre la imagen corporal y la salud mental de las adolescentes” 2022; Sofía Choukas-Bradley, Savannah R. Roberts, Anne J. Maheux, Jacqueline Nesi.
  4. “Asociaciones únicas entre el uso de redes sociales y la preocupación por la apariencia en línea con la depresión, la ansiedad y la sensibilidad al rechazo de la apariencia” 2020; Tanya Hawes 1, Melanie J Zimmer-Gembeck, Shawna M Campbell.
  5. “La imagen corporal en el contexto de los trastornos alimentarios” 2019; Siân A McLean, Susan J. Paxton.
  6. “Asociación entre tamaño corporal, cambios de peso y depresión: revisión sistemática y metaanálisis”, 2017; Sun Jae Jung, Hyung-Taek Woo, Sooyoung Cho, Parque Kyounghoon, Seokhun Jeong, Yu Jin Lee, Daehee Kang, Aesun Shin.
  7. “Interacciones entre las emociones y los comportamientos alimentarios: principales problemas, contribuciones de la neuroimagen y estrategias preventivas o correctivas innovadoras” 2022; Godet de Ambre, Alexandra Fortier, Elise Bannier, Nicolás Coquery, David Val-Laillet.
  8. “Alimentación emocional y obesidad en adultos: el papel de la depresión, el sueño y los genes” 2020; Hanna Konttinen.